22 de enero de 2010

De obsesiones, detectives, escritores y vagabundos.

"LA TRILOGÍA DE NUEVA YORK" de Paul Auster. (Colección Anagrama)

Paul Auster es un escritor difícil, para muchos inaccesible sobre todo debido a los finales de sus obras que simplemente son una metáfora de la vida, en la que no hay solución para ninguno de los problemas. La vida siempre tiene un final abierto (hasta que se cierra con la muerte).
La trilogía de Nueva York es un libro sin igual. El escritor norteamericano se asoma al mundo de los detectives e investigadores privados, que tantos argumentos de novelas (peores y mejores) ha generado y que tan gratas horas nos han brindado, al abrigo de una manta en nuestra cama o sillón preferidos.



Pero como Auster es Auster, no puede abordar este tema sin tejer uno de sus inconfundibles laberintos, que te atrapa y te envía al abismo.
Porque ese es el tema de esta trilogía, conformada por tres novelas cortas llamadas "La ciudad de cristal", "Fantasmas" y "La habitación cerrada": la caída hacia el abismo. Cómo la obsesión por su tarea obliga a los tres personajes principales de su obra a caer en picado y convertir su vida otrora simple, segura y acomodada, en una pesadilla obsesiva que terminará en la erosión más absoluta.

En "La ciudad de cristal", una misteriosa llamada cambiará la vida de Daniel Quinn, un escritor de novelas policiacas, al ser confundido con un detective y serle encargado el caso de vigilar a un hombre que pretende atentar contra su hijo.

En "Fantasmas", el protagonista es Azul, un detective a quien le es encargado el caso de controlar a un hombre, el Sr Negro. Esta tarea, a priori sencilla, dejará de serlo cuando Azul comience a dudar sobre quién vigila a quién.

"La habitación cerrada" (para mi la más brillante de las tres), el protagonista recibe el encargo de publicar la brillante obra de un desaparecido viejo amigo. Este hecho, que aparentemente le reportará felicidad, será el pistoletazo de salida para un obsesivo juego del gato, el ratón y la autodestrucción.

Uno de mis libros preferidos. No pude dejar de devorarlo. Y cuando no lo leía, no podía dejar de pensar en él.
Sin duda uno de los mayores exponentes de literatura contemporánea.
Exquisito en cada linea, una de esas obras dignas de ser releídas una y mil veces.

2 comentarios:

Émera dijo...

Joe, ya me han entrado ganas... ¿Es "metrible"? (i.e. ¿se puede llevar en el metro sin que te salga chepa?)

Ignacio dijo...

Of course, tanto Anagrama como Compactos Anagrama son colecciones geniales.
Ediciones preciosas y muy cómodas.