"Y el motivo de que nos faltara tiempo es que había empezado a leerle en voz alta. El día siguiente a nuestra conversación, Hanna me preguntó qué cosas aprendía en el colegio. Le hablé de los poemas de Homero, de los discursos de Cicerón y de la historia de Hemingway en la que un viejo lucha contra un pez y contra el mar. Ella quería saber cómo sonaban el latín y el griego, y le leí fragmentos de la Odisea y de las Catilinarias.
- ¿Y no aprendes también alemán?
- ¿Qué quieres decir?
- ¿Sólo aprendes lenguas extranjeras, o también os enseñan algo en la lengua del país?
- Sí, nos hacen leer cosas.
Mientras estaba enfermo, mis compañeros habían leído Emilia Galotti e Intriga de amor, de Schiller, y teníamos que entregar un trabajo sobre esos libros. Así que tenía que leérmelos, pero siempre iba dejándolo para más adelante. Cuando por fin tenía tiempo para leer, ya se había hecho tarde y estaba cansado, de modo que al día siguiente no me acordaba de lo que había leído y tenía que volver a empezar.
-¡Léemelo!
- Léelo tú misma, te lo traeré.
- Tienes una voz muy bonita chiquillo. Me apetece más escucharte que leer yo sola.
-Uf..., no sé.
Pero al día siguiente, cuando fui a besarla, retiró la cara. - Primero tienes que leerme algo."

En esta breve novela, el autor nos narra con eficiencia y sobriedad la poco común relación que viven los protagonistas y cómo esto moldea la personalidad del joven muchacho. Una historia también sobre las heridas abiertas de la historia y de cómo generaciones que no han vivido directamente los conflictos, también se ven salpicados por ese ambiente hostil que tanto tarda en apaciguarse. Y hasta aquí puedo leer...
2 comentarios:
También tiene peli, para los más vagos, y es una adaptación bastante fiel del libro...
Tengo la peli, pero no la voy a ver hasta leer el libro, aunque no sé cuándo será porque tengo una pila de ellos esperándome...
Publicar un comentario