EN PICADO, Nick Hornby (Ediciones Anagrama y Compactos Anagrama)
Cuatro personas de distinta condición coinciden por casualidad en la azotea del más famoso edificio de Londrés para los suicidas. Cada uno tiene sus motivos para saltar al vacío, sin embargo, deciden bajar juntos del edificio y seguir viviendo un poco más, al menos hasta San Valentín.
Este es el simple argumento del último libro que ha abandonado mis manos. Un original texto compuesto por cuatro narradores distintos que cuentan, en primera persona y a su peculiar manera, cómo han llegado a esta situación y sobre todo, cómo se vive con la perspectiva de un suicidio en mente.
Estos cuatro personajes son:
- Martin: Un ex presentador de televisión de éxito que ha tirado su vida por la borda, apareciendo ahora en todos los tabloides amarillos de Inglaterra.
- Jess: Una joven de 18 años y muy mala hostia.
- JJ: Un yankee en Londres, que añora a su novia y a su vida en la carretera.
- Maureen: Una cristiana cincuentona con un hijo que está en estado vegetativo permanente.
Cada uno tiene sus motivos y, sin embargo, se aferrarán los unos a los otros para aguantar entre los vivos.
Un libro cargado de humor negro, con digresiones sobre la vida, la muerte, las depresiones y la ayuda mutua.
"El problema de mi generación es que todos pensamos que somos putos genios. Hacer algo no es suficiente para nosotros, y nadie está vendiendo algo, o enseñando algo, o simplemente haciendo algo: nosotros tenemos que ser algo" (JJ).
"Estaba empezando a comprender una importante verdad sobre el suicidio: si resulta fallido duele tanto como si tienes éxito, y es muy probable que el fracaso te cause aún más ira, porque no hay pena con la que aguarlo" (Martin).
27 de enero de 2010
De suicidios en grupo (¿o no?)
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Género: Nick Hornby
23 de enero de 2010
Había una vez...
"Y el motivo de que nos faltara tiempo es que había empezado a leerle en voz alta. El día siguiente a nuestra conversación, Hanna me preguntó qué cosas aprendía en el colegio. Le hablé de los poemas de Homero, de los discursos de Cicerón y de la historia de Hemingway en la que un viejo lucha contra un pez y contra el mar. Ella quería saber cómo sonaban el latín y el griego, y le leí fragmentos de la Odisea y de las Catilinarias.
- ¿Y no aprendes también alemán?
- ¿Qué quieres decir?
- ¿Sólo aprendes lenguas extranjeras, o también os enseñan algo en la lengua del país?
- Sí, nos hacen leer cosas.
Mientras estaba enfermo, mis compañeros habían leído Emilia Galotti e Intriga de amor, de Schiller, y teníamos que entregar un trabajo sobre esos libros. Así que tenía que leérmelos, pero siempre iba dejándolo para más adelante. Cuando por fin tenía tiempo para leer, ya se había hecho tarde y estaba cansado, de modo que al día siguiente no me acordaba de lo que había leído y tenía que volver a empezar.
-¡Léemelo!
- Léelo tú misma, te lo traeré.
- Tienes una voz muy bonita chiquillo. Me apetece más escucharte que leer yo sola.
-Uf..., no sé.
Pero al día siguiente, cuando fui a besarla, retiró la cara. - Primero tienes que leerme algo."
Un día Michael se empieza a encontrar mal volviendo del colegio a casa y una mujer acude en su ayuda. Tras unas semanas de enfermedad, Michael se siente en el deber de ir a darle las gracias a la desconocida. Este será el comienzo de una relación secreta entre ambos que marcará profundamente a Michael. Lo más sorprendente serán las circunstancias de su reencuentro años más tarde en el que se destapará el misterioso y oscuro pasado de Hanna y que sumirá a Michael en un estado de desasosiego y sentimientos contrapuestos.En esta breve novela, el autor nos narra con eficiencia y sobriedad la poco común relación que viven los protagonistas y cómo esto moldea la personalidad del joven muchacho. Una historia también sobre las heridas abiertas de la historia y de cómo generaciones que no han vivido directamente los conflictos, también se ven salpicados por ese ambiente hostil que tanto tarda en apaciguarse. Y hasta aquí puedo leer...
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22 de enero de 2010
De obsesiones, detectives, escritores y vagabundos.
"LA TRILOGÍA DE NUEVA YORK" de Paul Auster. (Colección Anagrama)
Paul Auster es un escritor difícil, para muchos inaccesible sobre todo debido a los finales de sus obras que simplemente son una metáfora de la vida, en la que no hay solución para ninguno de los problemas. La vida siempre tiene un final abierto (hasta que se cierra con la muerte).
La trilogía de Nueva York es un libro sin igual. El escritor norteamericano se asoma al mundo de los detectives e investigadores privados, que tantos argumentos de novelas (peores y mejores) ha generado y que tan gratas horas nos han brindado, al abrigo de una manta en nuestra cama o sillón preferidos.
Pero como Auster es Auster, no puede abordar este tema sin tejer uno de sus inconfundibles laberintos, que te atrapa y te envía al abismo.
Porque ese es el tema de esta trilogía, conformada por tres novelas cortas llamadas "La ciudad de cristal", "Fantasmas" y "La habitación cerrada": la caída hacia el abismo. Cómo la obsesión por su tarea obliga a los tres personajes principales de su obra a caer en picado y convertir su vida otrora simple, segura y acomodada, en una pesadilla obsesiva que terminará en la erosión más absoluta.
En "La ciudad de cristal", una misteriosa llamada cambiará la vida de Daniel Quinn, un escritor de novelas policiacas, al ser confundido con un detective y serle encargado el caso de vigilar a un hombre que pretende atentar contra su hijo.
En "Fantasmas", el protagonista es Azul, un detective a quien le es encargado el caso de controlar a un hombre, el Sr Negro. Esta tarea, a priori sencilla, dejará de serlo cuando Azul comience a dudar sobre quién vigila a quién.
"La habitación cerrada" (para mi la más brillante de las tres), el protagonista recibe el encargo de publicar la brillante obra de un desaparecido viejo amigo. Este hecho, que aparentemente le reportará felicidad, será el pistoletazo de salida para un obsesivo juego del gato, el ratón y la autodestrucción.
Uno de mis libros preferidos. No pude dejar de devorarlo. Y cuando no lo leía, no podía dejar de pensar en él.
Sin duda uno de los mayores exponentes de literatura contemporánea.
Exquisito en cada linea, una de esas obras dignas de ser releídas una y mil veces.
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Género: Paul Auster
13 de enero de 2010
Kobenhavn
Cuando el vello de sus brazos se erizó, Amanda se dio cuenta de lo tarde que era. No hacía mucho que el trabajo no la abandonaba ni a sol ni a sombra y esa tarde, como empezaba a ser habitual, se había tenido que llevar el trabajo a casa para así cumplir los plazos.
- Necesito vacaciones – suspiró al tiempo que sus manos hurgaban en el fondo de su bolso en busca de ese balsámico cigarrillo por el que su cuerpo ardía. Sabía que él detestaba su único hábito tóxico, pero ni estaba en casa ni daba la impresión de que fuera a aparecer. Cuando lo hubo encontrado, se encaminó a la puerta ventana que daba al pequeño balcón. Una bofetada de gélido invierno danés tensó su rostro. Pequeños copos blancos perlaban el barandal y a su mente acudió la imagen de su primer invierno en Copenhage y en lo torpe que había sido al intentar colocarle las cadenas a las ruedas del Toyota.
- Joder, no sé qué hago en este sitio- pensó mientras intentaba que el alquitrán inhalado le aportara algo de calor.
Con un siseo la colilla murió en el cenicero y Amanda volvió a la fría calidez de su apartamento. Como todos los jueves, Lars llegaría a las tantas, si llegaba. Otra deprimente noche en soledad. Empezaba a estar harta de su maldito negocio: en Dinamarca a nadie le importaban los caballos ¿a quién coño se le ocurría montar una cuadra en el jodido país de las bicicletas?
Se conocieron en Madrid una tarde de otoño en la que las nubes pintaban el cielo. Ella acababa de terminar una tormentosa relación de varios años. Él confiaba en que su Erasmus fuera suficiente para finiquitar las asignaturas que aún arrastraba. Todo fue muy rápido, tanto que sin darse cuenta Amanda le había seguido hasta su dichoso país, aunque probablemente le habría acompañado a las antípodas si él se lo hubiera pedido. Y ahí estaba, muerta de frío, con 16 horas de oscuridad a la que sus ojos no terminaban de acostumbrarse y matándose en una pequeña empresa que se aferraba a su supervivencia con uñas, dientes y todos los medios que a uno se le puedan ocurrir. Habían pasado tres agotadores años.
Estaba la ducha en marcha y el vapor inundaba el baño como la niebla en una mañana escocesa. Se colocó el pelo en un descuidado moño y se metió bajo el chorro. Era su momento del día, aquel en el que todas sus penas huían por el sumidero y salía con ánimos renovados para enfrentarse a la vida. Las mañanas eran lo único que aún le daba algo de alegría en Copenhage. El sol brillaba sin fuerza, pero al menos hacía acto de presencia. Pedalear por sus bacheadas calles con las manos firmemente asidas al manillar, sintiendo el relieve de los caminos le proporcionaba la falsa y efímera sensación de que llevaba las riendas de su existencia. Sin embargo, esa mañana sería distinta.
Bajó las escaleras a buen paso encaminándose hacia el parking de bicicletas. Le tenía cariño a su bicicleta holandesa de paseo. Al principio no se acostumbraba al freno del pedal, pero con el paso del tiempo se convirtió en su fiel aliada para moverse por aquella ciudad sin cuestas. Dobló la esquina buscando la llave del candado en su bolsillo y la serena expresión de su cara se quebró al alzar la mirada y ver el hueco vacío donde su vieja amiga solía descansar.
- ¡No puede ser, joder!- exclamó mirando a todas partes con la vana esperanza de encontrarla en otro sitio. La cadena inutilizada en el suelo hablaba con suficiente elocuencia.
- Puta mierda de ciudad- murmuró entre dientes mientras dirigía sus pasos hacia la estación del tranvía, que quedaba a unas manzanas de distancia, reorganizando su viernes para poder pasar por la comisaría a denunciar el robo. Inclinó la cabeza y reafirmó sus pasos cuando una helada brisa intentó impedir su marcha.
De pronto, a mitad de camino Amanda se detuvo en seco. El viandante que la seguía casi tropezó con ella, pero se las arregló para superarla sin tocarla, emitiendo un gruñido. Un manto de tristeza, incomprensión e impotencia cubría su mirada. El escaparate ante el que se había parado era el de una agencia de viajes nacional, nunca le había dedicado más que alguna mirada furtiva desde su bicicleta, pero ahora estaba ahí, parada mirando la publicidad que ofrecía. Un maduro y guapo madrileño vestido de chulapo la saludaba con su brazo de cartón extendido a medias, como un viejo amigo saluda a otro que acaba de apearse del tren, antes de fundirse en un abrazo.
Fue entonces cuando lo supo. No podía seguir en aquel lugar ni un día más, todo cuanto había en Dinamarca le acercaba un poco más a su muerte en vida. Tenía que volver a Madrid.
Amanda entró en la agencia de viaje con una sonrisa, la primera en muchos meses. Aceptó con gusto el café que le ofreció la guapa empleada y paladeó satisfecha el sabor de su vieja vida. En su interior el sol volvía a brillar con fuerza.
Por Ignacio 4 comentarios
Género: Historias de la Casa
19 de diciembre de 2009
Al rico webcómic I


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16 de septiembre de 2009
El misterio de Harriet
—En resumen: yo no tenía hijos, un llamativo contraste con los demás hermanos y miembros de la familia, que parecían obsesionados con la estúpida necesidad de procrear y perpetuar la saga. Gottfried e Isabella se mudaron aquí, pero el matrimonio estaba ya en las últimas. Al cabo de un año, Gottfried se trasladó a su cabaña. Pasaba allí largas temporadas completamente solo y cuando hacía demasiado frío se iba a vivir con Isabella. Yo me encargué de Martin y Harriet; de modo que se convirtieron, en muchos sentidos, en los hijos que nunca tuve.
»Martin era... A decir verdad hubo una época en su juventud durante la cual temí que siguiera los pasos de su padre. Era débil, introvertido y meditabundo, pero también podía ser encantador y entusiasta. Tuvo una adolescencia difícil, pero se enderezó al empezar la universidad. Es... bueno, a pesar de todo es el director ejecutivo de lo que queda del Grupo Vanger, así que tampoco le ha ido tan mal.
—¿Y Harriet? —preguntó Mikael.
—Harriet se convirtió en la niña de mis ojos. Intenté darle seguridad y que aumentara la confianza en sí misma, y nos llevábamos muy bien. La veía como mi propia hija y llegamos a tener una relación más estrecha que la que mantenía con sus propios padres. ¿Sabes?, Harriet era muy especial; introvertida, como su hermano, y fascinada por la religión durante su adolescencia, a diferencia de todos los demás miembros de la familia. Poseía un gran talento y era muy inteligente. No sólo tenía moral, sino también firmeza de carácter. Al cumplir catorce o quince años, yo ya estaba completamente convencido de que ella, en comparación con su hermano y todos los mediocres primos y sobrinos de mi familia, era la persona destinada a dirigir las empresas Vanger o, por lo menos, a desempeñar en ellas un importante papel.
—¿Y qué pasó?
—Ya hemos llegado a la verdadera razón por la que te quiero contratar. Quiero que averigües qué miembro de mi familia asesinó a Harriet Vanger y, desde entonces, se ha dedicado durante casi cuarenta años a intentar volverme loco.
Mikael Blomkvist es periodista y socio de una floreciente revista de investigación. Tras verse envuelto en un turbio asunto que resulta en una condena por difamar al magnate y empresario Wennerström, se ve obligado a abandonar durante un tiempo la redacción a la espera de que las aguas vuelvan a su curso. Al inicio de su retiro recibe una llamada de Henrik Vanger, el anciano ex-director de Empresas Vanger, una de las más importantes de Suecia ahora en decadencia debido, en parte, a las disputas entre los miembros de la junta directiva, todos ellos de la familia. Henrik persuade a Mikael para que en su año "sabático" dedique su tiempo a redactar una biografía de los Vanger que le servirá de tapadera para el que será el verdadero encargo de Henrik: descubrir quién de la familia asesinó a su sobrina y protegida Harriet en 1966.
Durante la investigación, que se tornará cada vez más oscura y dramática, Mikael necesitará ayuda, la cual vendrá de la mano de la investigadora privada que le proporcionó, previo encargo, un informe detallado sobre las actividades del propio Mikael a Henrik Vanger. Ella es una chica diferente con un fuerte carácter y un montón de secretos, se llama Lisbeth Salander.
Esta novela tan sonada cayó en mis manos este verano y la comencé a leer no sin ciertas reticencias. Es lo que tienen los bestsellers, y este libro, junto con los otros dos volúmenes de la trilogía (iban a ser más, pero desafortunadamente su autor, Stieg Larsson, no ha vivido para escribirlos), sin duda son el boom del momento.
El inicio de Los hombres que no amaban a las mujeres es un poco técnico y las primeras páginas no crean el ambiente idóneo para enganchar al lector, pero una vez empieza la trama en sí, la historia te absorbe. No es alta literatura, no es la mejor novela de intriga del siglo como muchos afirman (la "fiebre del bestseller"), pero sin duda es muy entretenida y contiene pasajes de acción trepidante. El autor escribe de una manera clara y sencilla, sus descripciones no frenan el ritmo de la trama y el hilo argumental tiene todos los cabos atados. Aunque la novela es autocontenida el autor deja un par de pinceladas que preparan la segunda parte y que te dejan con las ganas de conocer mejor a sus personajes, en concreto a la enigmática Lisbeth.
Quizá el punto más débil, junto con el principio, sea el final. Es, para algunos más que para otros, sorprendente, pero eché de menos que la tensión se mantuviera durante unas páginas más en lugar de resolverse tan brevemente.
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Género: Intriga
10 de septiembre de 2009
Todas las críticas y recomendaciones
Libros por autor
A
Andreiev, L. - Las tinieblas
Aramburu, Fernando - Los peces de la amargura
B
Boyne, John - El niño con el pijama de rayas
C
Carver, Raymond - Elephant
Carver, Raymond - Will You Please Be Quiet, Please?
Coe, Jonathan - The House of Sleep
D
De Prada, Juan Manuel - Las máscaras del héroe
F
Ferlosio, Rafael Sánchez - Alfanhuí
Follett, Ken - World Without End
Fraser, George - Harry Flashman
G
Gaudé, Laurent - El sol de los Scorta
Gógol, N. - Historias de San Petesburgol
Grubb, Davis - La noche del cazador
L
Larsson, Stieg - Los hombres que no amaban a las mujeres
M
Marx, Groucho - Memorias de un amante sarnoso
Mendoza, Eduardo - La verdad sobre el caso Savolta
Montero, Rosa - Historia del rey transparente
Murakami, Haruki - Kafka en la orilla
P
Pearl, Matthew - El club Dante
Pratchett, Terry - Going Postal
R
Rowling, J. K. - Harry Potter
S
See, Lisa - El abanico de seda
Sharpe, Tom - El bastardo recalcitrante
T
Theroux, Paul En el Gallo de Hierro
Tolstoi, León - La Sonata a Kreutzer
Toole, John - La conjura de los necios
E
El abanico de seda - Lisa See
El bastardo recalcitrante - Tom Sharpe
El club Dante - Matthew Pearl
El niño con el pijama de rayas - John Boyne
El sol de los Scorta - Laurent Gaudé
Elephant - Raymond Carver
En el Gallo de Hierro - Paul Theroux
G
Going Postal - Terry Pratchett
H
Harry Flashman - George Fraser
Harry Potter - J. K. Rowling
Historia del rey transparente - Rosa Montero
Historias de San Petesburgo - N. Gógol
K
Kafka en la orilla - Haruki Murakami
L
La conjura de los necios - John Toole
La noche del cazador - Davis Grubb
La verdad sobre el caso Savolta - Eduardo Mendoza
Las máscaras del héroe - Juan Manuel de Prada
La Sonata a Kreutzer - León Tolstoi
Las tinieblas - Andreiev
Los hombres que no amaban a las mujeres - Stieg Larsson
Los peces de la amargura - Fernando Aramburu
M
Memorias de un amante sarnoso - Groucho Marx
T
The House of Sleep - Jonathan Coe
The Perry Bible Fellowship - Nicholas Gurewitch
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Género: Índices
7 de septiembre de 2009
Lecturas de verano 2
Continúo con los libros que he leído estas vacaciones.
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Lecturas de verano 1
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Género: Cuentos
28 de junio de 2009
El pesado caminar del tiempo cotidiano
No, I won't kiss you gooddbye. I'll just say so long. Take care of yourself".

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Género: Cuentos
1 de marzo de 2009
Cannery Row - John Steinbeck

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Género: Fuera de Contexto
16 de febrero de 2009
Crímenes dantescos
"Lasciate ogne speranza, voi ch'intrate".
—Por favor, no demos un salto a ciegas. Primero escúchenme —dijo Longfellow—. ¿Quién está enterado de esos crímenes en Boston y Cambridge?
—Bien, ésa es la cuestión —replicó Lowell, a quien atemorizaba mostrarse ineducado con el único hombre, después de su difunto padre, al que veneraba—. ¡Todos en esta bendita ciudad, Longfellow! Uno aparece en primera plana de todos los periódicos. —Señaló los titulares con la muerte de Healey—. Y le seguirá el crimen de Talbot antes de que cante el gallo. ¡Un juez y un predicador! ¡Mantener al público alejado de eso sería tanto como privarlo del bistec y la cerveza!
—Muy bien. ¿Y quién más en la ciudad tiene conocimiento de Dante? ¿Quién más sabe que le piante erano a tutti accese intrambe? ¿Cuántos de los que pasean por las calles Washington y School, mirando las tiendas o deteniéndose en Jordan y Marsh para ver la última moda de sombreros, piensan que rigavan lor di sangue il volto, che, mischiato di lagrime, y se imaginan el espanto de esos fastidiosa vermi, esos enojosos gusanos?
»Díganme quién en nuestra ciudad, no, en Norteamérica hoy día, conoce las palabras de Dante en su obra, en cada canto, en cada terceto. ¿Saben lo suficiente para empezar a pensar en cómo convertir los detalles de los castigos del Inferno de Dante en modelos de asesinato?
En el estudio de Longfellow, el más apreciado de Nueva Inglaterra por los amantes de la conversación, se hizo un misterioso silencio. Nadie en la estancia pensó en responder a la pregunta, porque la estancia misma era la respuesta: Henry Wadsworth Longfellow, el profesor James Russell Lowell, el profesor doctor Oliver Wendell Holmes, James Thomas Fields y un reducido número de amigos y colegas.
—¡Santo Dios! —exclamó Fields—. Sólo un puñado de personas sería capaz de leer italiano, por no hablar del italiano de Dante, e incluso, entre los que pudieran sacar algo en limpio con la ayuda de libros de gramática y diccionarios, ¡la mayoría nunca ha tenido en las manos un ejemplar de las obras de Dante! — Fields debía saberlo. El negocio del editor consistía en conocer los hábitos de lectura de cada literato y erudito de Nueva Inglaterra y de los que, fuera, contaran para algo—. Ni lo tendrá —continuó— mientras no se publique en Norteamérica una completa traducción de Dante...
—¿Como esta en la que estamos trabajando? —Longfellow tomó las pruebas del canto decimosexto—. Si desvelamos a la policía la precisión con que esos asesinos se han inspirado en Dante y han actuado, ¿a quién podría señalar con suficiente conocimiento para cometer los crímenes?
»No sólo seremos los primeros sospechosos —concluyó Longfellow—. Seremos los principales sospechosos.
—Vamos, mi querido Longfellow —replicó Fields con una risa desesperadamente seria—. Señores, no nos dejemos llevar por las emociones. Miren a su alrededor en esta habitación: profesores, representantes de las fuerzas vivas, poetas, huéspedes frecuentes de senadores y dignatarios, hombres de libros... ¿Quién pensaría realmente que estamos implicados en un asesinato? He hinchado un poco nuestra relevancia para recordarnos que somos hombres de elevada posición en Boston, ¡hombres de la alta sociedad!
—Como el profesor Webster. El patíbulo nos enseña que ninguna ley impide que a un hombre de Harvard lo cuelguen —respondió Longfellow.
El doctor Holmes se puso blanco. Aunque se sintió aliviado porque Longfellow se colocara de su lado, el último comentario lo afectó.
Boston, 1865. Importantes personalidades están siendo brutalmente asesinadas por un criminal inspirado en los tormentos del Infierno de Dante. Sólo los miembros del Club Dante, un grupo de poetas y profesores de Harvard dirigidos por Henry Wadsworth Longfellow, pueden anticiparse al asesino e identificarle. Mientras preparan la primera
traducción al inglés de la Divina Comedia enfrentándose a la oposición de la puritana vieja guardia de Harvard, los intelectuales deberán convertirse en detectives y pasar a la acción.Nicholas Rey, el primer policía negro del departamento de Boston, dirigirá la investigación oficial mientras los miembros del club llevan a cabo sus insólitas pesquisas. Un dantesco infierno medieval se cierne sobre las calles de la ciudad, en una época convulsa por la recién terminada guerra civil, el asesinato del presidente Lincoln y los disturbios raciales.
La ambientación, rica en detalles, nos hace adentrarnos en una sociedad americana recién sacudida por una guerra civil que trata de volver a la normalidad. Las posguerras no son épocas fáciles, bien lo sabemos por nuestros abuelos, y el autor rodea la acción de ese ambiente de desasosiego en el que la gente aún no se siente tranquila en sus casas pese a que haya cesado el estallido de balas. Una nueva realidad social, la inserción progresiva de hombres de raza negra en la sociedad blanca, es incorporada en la trama en el personaje del patrullero Rey, el primero en la policía de Boston.
Esta novela, aunque con un inicio lento que se recrea, a mi parecer, demasiado en introducir a todos los personajes, cobra ritmo al cabo de pocos capítulos. Después de este inicio en el que la acción es escasa y la descripción abunda, se comienza a desarrollar una trama ingeniosa que atrapa al lector. El autor sabe combinar pasajes trepidantes con otros más reflexivos en su justa medida y aunque el desenlace no es brillante, se resuelve de una manera coherente. Quizá una pizca más de ingenio en este punto no habría sobrado.
Cierto es que no es una obra maestra, pero se trata de un libro entretenido con el que se puede pasar un buen rato a la vez que uno se adentra en la posguerra americana.
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15 de febrero de 2009
La Química del Amor

Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso:
no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso:
huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño:
creer que el cielo en un infierno cabe;
dar la vida y el alma a un desengaño,
¡esto es amor! quien lo probó lo sabe.
Por Nacho del Val 1 comentarios
Género: Fuera de Contexto
17 de enero de 2009
El Squonk

"El rango del squonk es muy limitado. Pocas personas fuera de Pensilvania han oído hablar de la peculiar bestia, que se dice que es muy común en los bosques de cicuta de este estado. El squonk es muy tímido de carácter y generalmente viaja cerca del crepúsculo o del amanecer. Dada su piel inadaptada, que está cubierta con verrugas y lunares, siempre está triste; de hecho se dice, por gente que están más capacitados para juzgar, que es la más morbosa de las bestias. Los cazadores que son buenos en seguir pistas son capaces de seguir a un squonk por sus lágrimas derramadas, porque el animal llora constantemente. Cuando está acorralado y la salida parece imposible, o cuando es sorprendido y asustado, puede incluso disolverse en lágrimas. Los cazadores del squonk tienen más éxito en noches de luna muy frías, cuando las lágrimas caen lentamente y al animal no le gusta salir; puede ser escuchado llorar debajo de las ramas de los oscuros árboles de cicuta. El señor J.P. Wentling, antes vivía en Pensilvania y que se mudó a Minesota, tiene una experiencia frustrada con un squonk cerca de Mont Alto. Planeó una inteligente captura engañando a un squonk e induciéndolo a saltar dentro de un bolso, el cual llevaba a su casa, cuando de repente la carga se aligeró y las lágrimas cesaron. Wentling abrió el bolso y miró adentro. No había nada, excepto un charco de lágrimas.”
William T. Cox, “Criaturas Temibles de los bosques, del desierto y las montañas” (1911).
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Género: Fuera de Contexto
11 de enero de 2009
El Berth
El Berth (Historia de Terror en 12 puntos)
1. Aquella tarde Robert había cerrado el portalón antes de lo habitual, sin embargo, ya Había entrado.
2. Robert era un tipo listo e intuyó la trama.
3. Cautelosamente cerró el portalón de nuevo, pero las vacas habían sido más inteligentes que él.
4. Brisbane corrió todo lo que podía, pero supo que ya estaba muerto.
5. Mientras corría pensaba que el Breth superior estaría húmedo a consecuencia de la salitre, no obstante aún permanecía completamente seco.
6. Brisbane tuvo que permanecer otra noche solitaria en el viejo 105, muy en contra de sus apetencias.
7. El trabajador examinó al Berth a las paredes y al suelo, pero cayó en la cuenta de que también él había muerto.
8. El trabajador intentó colocar cuatro tornillos dorados en el portalón, pero sabía que el Berth lo habría cogido de haberlo hecho.
9. El Capitán y Brisbane estaban determinados a encontrar la verdad, tan sólo el Berth podría detenerlos.
10. Cuando el segundo pasajero fue hacia el portalón la tempestad era tremenda y el ojo de buey se había abierto, de modo que las vacas consiguieron escapar en silencio.
11. 105 no es seguro.
12. El Capitan guardaba silencio, Brisbane acabaría como ellas; (quienes habían ganado el juego). El Berth estaba libre en el Universo.
Lunes, 9 de Febrero de 2oo4
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Género: Historias de la Casa
18 de diciembre de 2008
Los Sentidos y el Sentimiento

“Sale y desaparece despacio por la colina. La cima, los árboles, el techo de la casa se recortan contra el cielo. La vaca me empuja con el morro y muge.
- Tendrás que esperar. Lo que tienes ahí dentro no es nada comparado con lo que yo tengo aquí dentro, por mucho que también seas mujer.
Me sigue, mugiendo. Entonces el aire muerto, caliente y claro vuelve a soplarme en la cara. Él podría arreglarlo todo, si quisiera. Y ni siquiera lo sabe. Podría hacerlo todo por mí, si lo supiera. La vaca me echa el aliento en las caderas y en la espalda, un aliento cálido, dulce, jadeante, lastimero. El cielo está plano en la ladera, sobre los secretos brotes de pino. Más allá de la colina, los relámpagos rasgan el horizonte y se esfuman. El aire muerto da forma a la tierra muerta en la muerta oscuridad, da forma a la tierra muerta hasta más allá de donde alcanza la vista. Se posa sobre mí, muerto y caliente, y me toca la carne desnuda a través de la ropa. Le dije que no sabía lo que era preocuparse. Tampoco yo lo sé. No sé si estoy preocupada o no. Si puedo estarlo o no. No sé si puedo llorar o no. No sé si lo he intentado o no. Siento como si fuera una semilla húmeda y salvaje en la tierra caliente y ciega.”
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Género: Fuera de Contexto
16 de diciembre de 2008
La Relatividad del Tiempo - John Steinbeck
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Género: Fuera de Contexto
9 de diciembre de 2008
Cascada de Versos
Cierra los ojos.
Deja que el agua se eleve sobre tu pecho
sobre tu cuello
sobre tus párpados transparentes.
¿Escuchas el clamor del silencio?
Siente, tan sólo siente como se deslizan corrientes de seda entre tus dedos
como acarician tu rostro,
como besan tus labios desnudos bajo el velo.
¿Viste alejarse la mariposa triste?
Hunde el tarro de cristal
en el océano de las lágrimas felices.
Escucha la música de tu corazón nuevo.
Latido a latido marchitaron las rosas
que adornaban las avenidas del Infierno.
Ahora eres Rey de tu castillo de arena,
Sol, vainilla y viento:
tenías razón cuando decías
que la libertad era eso.
Apaga las velas que dan luz a lo evidente,
acostumbra tus ojos a ver como ve el ciego:
“Ahora te ilumina el estigma de la belleza transparente.”
Nada hasta la superficie,
huele el aire con sabor a sal.
Deja que el agua juegue con tu pelo,
con tus labios púrpura,
con tu alma de cristal…
y empieza de nuevo…."
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Género: Historias de la Casa
26 de noviembre de 2008
Visiones del Final
"La noche del viernes al sábado durmió mal y tuvo un sueño horrible. Se veía encarnado en un joven cerdo con las carnes cebadas y lisas. Lo arrastraban con sus compañeros porcinos por un túnel enorme y oscuro de paredes oxidadas en forma de vórtice. La corriente acuática que lo llevaba era débil, a veces conseguía poner las patas en el suelo; después llegaba una ola más fuerte y lo empujaba algunos metros. De cuando en cuando distinguía las carnes blancuzcas de uno de sus compañeros, arrastrado con brutalidad hacia abajo. Luchaban a oscuras y en silencio; el único sonido eran los breves chirridos de sus pezuñas contra las paredes metálicas. Pero al descender empezó a oir un sordo rumor de máquinas que venía del fondo del túnel. Emezaba a darse cuenta de que la corriente los arrastraba hacia unas turbinas con enormes y afiladas hélices.
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Género: Fuera de Contexto
1 de octubre de 2008
Un drama mundial a través de los ojos de un niño
"La fuerza más fuerte de todas es un corazón inocente".
Para empezar, no eran niños. Al menos no todos. Había niños pequeños y niños mayores, pero también padres y abuelos. Quizá también algunos tíos. Y unas cuantas personas de las que viven en las calles y que parecen no tener familia.
—¿Quiénes son? —preguntó Gretel, tan boquiabierta como solía quedarse su hermano últimamente—. ¿Qué clase de sitio es ése?
—No estoy seguro —dijo Bruno, sin faltar a la verdad—. Pero no es tan bonito como Berlín, eso sí lo sé.
—¿Y dónde están las niñas? ¿Y las madres? ¿Y las abuelas?
—A lo mejor viven en otra zona.
Gretel no quería seguir mirando, pero le resultaba muy difícil apartar la mirada. Hasta entonces, lo único que había visto era el bosque hacia el que estaba orientada su ventana; parecía un poco oscuro, pero quizá más allá hubiera algún claro donde hacer meriendas campestres. Sin embargo, desde aquel lado de la casa el panorama era muy diferente.
A primera vista no estaba tan mal. Justo debajo de la ventana de Bruno había un jardín bastante grande y lleno de flores en pulcros y ordenados arriates. Parecían muy bien cuidados por alguien que hubiera comprendido que plantar flores en un sitio como aquél era una buena idea, como lo habría sido, durante una oscura noche de invierno, encender una velita en el rincón de un lúgubre castillo situado en medio de un brumoso páramo.
Más allá de las flores había un bonito adoquinado con un banco de madera, donde Gretel se imaginó sentada al sol leyendo un libro. En el respaldo del banco se veía una placa, pero desde aquella distancia no logró leer la inscripción. El asiento estaba orientado hacia la casa, lo cual podía resultar un poco extraño, pero dadas las circunstancias la niña lo entendió.
Unos seis metros más allá del jardín y las flores y el banco con la placa, todo cambiaba: paralela a la casa discurría una enorme alambrada, con la parte superior inclinada hacia dentro, que se extendía en ambas direcciones hasta más allá de donde alcanzaba la vista. Era una alambrada muy alta, incluso más que la casa donde se hallaban los niños, y estaba sostenida por gruesos postes de madera, como los de telégrafos, repartidos a intervalos. En lo alto, gruesos rollos de alambre de espino enredados formaban espirales. Gretel sintió un escalofrío al ver las afiladas púas.
Detrás de la alambrada no crecía hierba; de hecho, a lo lejos no se veía ningún tipo de vegetación. El suelo parecía de arena, y Gretel sólo vio pequeñas cabanas y grandes edificios cuadrados, separados entre ellos, y una o dos columnas de humo a lo lejos. Abrió la boca para decir algo, pero no encontró palabras para expresar su sorpresa, así que hizo lo único sensato que se le ocurrió: volver a cerrarla.
—¿Lo ves? —dijo Bruno a su espalda. Estaba satisfecho de sí mismo porque, fuera lo que fuese aquello que se veía y fueran quienes fuesen aquellas personas, él lo había visto primero y podría verlo siempre que quisiera, puesto que se veía desde su ventana y no desde la de Gretel. Por tanto, todo aquello le pertenecía: él era el rey de todo lo que contemplaban y ella su humilde subdita.
—No lo entiendo —admitió Gretel—. ¿A quién se le ocurriría construir un sitio tan horrible?
—¿Verdad que es horrible? Me parece que esas casuchas sólo tienen una planta. Mira qué bajas son.
—Deben de ser casas modernas —sugirió su hermana—. Padre odia las cosas modernas.
—Entonces no creo que le gusten.
—No —dijo Gretel, y siguió contemplándolas.
Tenía doce años y se la consideraba una de las niñas más inteligentes de su clase, así que apretó los labios, entornó los ojos y se exprimió el cerebro para comprender qué era aquello.
—Esto debe de ser el campo —concluyó al fin, volviéndose a mirar a su hermano con expresión de triunfo.
—¿El campo?
—Sí, es la única explicación, ¿no te das cuenta? Cuando estamos en casa, en Berlín, estamos en la ciudad. Por eso hay tanta gente y tantas casas, y tantas escuelas llenas de niños, y no puedes caminar por el centro de la ciudad un sábado por la tarde sin que la multitud te empuje.
—Ya... —asintió Bruno, intentando seguir el razonamiento.
—Pero en clase de Geografía nos enseñaron que en el campo, donde están los granjeros y los animales, y donde se cultivan los alimentos, hay zonas inmensas como ésta donde vive y trabaja la gente que envía a la ciudad todo lo que nosotros comemos. —Miró de nuevo por la ventana y contempló la gran extensión que se abría ante ella, fijándose en las distancias que había entre las cabanas—. Sí, debe de ser eso. Es el campo. A lo mejor ésta es nuestra casa de veraneo —añadió esperanzada.
Es el año 1942, Bruno tiene 9 años y vive con su familia en una comfortable casa de Berlín donde lleva una vida feliz y agradable. Un día su padre es enviado a una nueva misión militar y toda la familia deberá acompañarle. Pasar de vivir en una bonita casa de ciudad a una perdida en un lugar apartado será un golpe duro para Bruno, sobre todo porque no hay nadie con quien hablar ni niños con los que jugar.Observando por la ventana de su cuarto descubrirá un mundo distinto al otro lado de una alambrada. Un mundo que no entiende donde toda la gente pulula en pijama durante todo el día. ¿Quienes serán esas personas?
(La opinión de Gonzalo próximamente, desde el mismo København)
Por emera86 0 comentarios




