27 de enero de 2010

De suicidios en grupo (¿o no?)

EN PICADO, Nick Hornby (Ediciones Anagrama y Compactos Anagrama)


Cuatro personas de distinta condición coinciden por casualidad en la azotea del más famoso edificio de Londrés para los suicidas. Cada uno tiene sus motivos para saltar al vacío, sin embargo, deciden bajar juntos del edificio y seguir viviendo un poco más, al menos hasta San Valentín.



Este es el simple argumento del último libro que ha abandonado mis manos. Un original texto compuesto por cuatro narradores distintos que cuentan, en primera persona y a su peculiar manera, cómo han llegado a esta situación y sobre todo, cómo se vive con la perspectiva de un suicidio en mente.

Estos cuatro personajes son:

- Martin: Un ex presentador de televisión de éxito que ha tirado su vida por la borda, apareciendo ahora en todos los tabloides amarillos de Inglaterra.

- Jess: Una joven de 18 años y muy mala hostia.

- JJ: Un yankee en Londres, que añora a su novia y a su vida en la carretera.

- Maureen: Una cristiana cincuentona con un hijo que está en estado vegetativo permanente.


Cada uno tiene sus motivos y, sin embargo, se aferrarán los unos a los otros para aguantar entre los vivos.

Un libro cargado de humor negro, con digresiones sobre la vida, la muerte, las depresiones y la ayuda mutua.

"El problema de mi generación es que todos pensamos que somos putos genios. Hacer algo no es suficiente para nosotros, y nadie está vendiendo algo, o enseñando algo, o simplemente haciendo algo: nosotros tenemos que ser algo" (JJ).

"Estaba empezando a comprender una importante verdad sobre el suicidio: si resulta fallido duele tanto como si tienes éxito, y es muy probable que el fracaso te cause aún más ira, porque no hay pena con la que aguarlo" (Martin).

23 de enero de 2010

Había una vez...

"Y el motivo de que nos faltara tiempo es que había empezado a leerle en voz alta. El día siguiente a nuestra conversación, Hanna me preguntó qué cosas aprendía en el colegio. Le hablé de los poemas de Homero, de los discursos de Cicerón y de la historia de Hemingway en la que un viejo lucha contra un pez y contra el mar. Ella quería saber cómo sonaban el latín y el griego, y le leí fragmentos de la Odisea y de las Catilinarias.

- ¿Y no aprendes también alemán?
- ¿Qué quieres decir?
- ¿Sólo aprendes lenguas extranjeras, o también os enseñan algo en la lengua del país?
- Sí, nos hacen leer cosas.


Mientras estaba enfermo, mis compañeros habían leído
Emilia Galotti e Intriga de amor, de Schiller, y teníamos que entregar un trabajo sobre esos libros. Así que tenía que leérmelos, pero siempre iba dejándolo para más adelante. Cuando por fin tenía tiempo para leer, ya se había hecho tarde y estaba cansado, de modo que al día siguiente no me acordaba de lo que había leído y tenía que volver a empezar.

-¡Léemelo!
- Léelo tú misma, te lo traeré.
- Tienes una voz muy bonita chiquillo. Me apetece más escucharte que leer yo sola.
-Uf..., no sé.


Pero al día siguiente, cuando fui a besarla, retiró la cara.
- Primero tienes que leerme algo."

Bernhard Schlink (El lector)

Un día Michael se empieza a encontrar mal volviendo del colegio a casa y una mujer acude en su ayuda. Tras unas semanas de enfermedad, Michael se siente en el deber de ir a darle las gracias a la desconocida. Este será el comienzo de una relación secreta entre ambos que marcará profundamente a Michael. Lo más sorprendente serán las circunstancias de su reencuentro años más tarde en el que se destapará el misterioso y oscuro pasado de Hanna y que sumirá a Michael en un estado de desasosiego y sentimientos contrapuestos.

En esta breve novela, el autor nos narra con eficiencia y sobriedad la poco común relación que viven los protagonistas y cómo esto moldea la personalidad del joven muchacho. Una historia también sobre las heridas abiertas de la historia y de cómo generaciones que no han vivido directamente los conflictos, también se ven salpicados por ese ambiente hostil que tanto tarda en apaciguarse. Y hasta aquí puedo leer...

22 de enero de 2010

De obsesiones, detectives, escritores y vagabundos.

"LA TRILOGÍA DE NUEVA YORK" de Paul Auster. (Colección Anagrama)

Paul Auster es un escritor difícil, para muchos inaccesible sobre todo debido a los finales de sus obras que simplemente son una metáfora de la vida, en la que no hay solución para ninguno de los problemas. La vida siempre tiene un final abierto (hasta que se cierra con la muerte).
La trilogía de Nueva York es un libro sin igual. El escritor norteamericano se asoma al mundo de los detectives e investigadores privados, que tantos argumentos de novelas (peores y mejores) ha generado y que tan gratas horas nos han brindado, al abrigo de una manta en nuestra cama o sillón preferidos.



Pero como Auster es Auster, no puede abordar este tema sin tejer uno de sus inconfundibles laberintos, que te atrapa y te envía al abismo.
Porque ese es el tema de esta trilogía, conformada por tres novelas cortas llamadas "La ciudad de cristal", "Fantasmas" y "La habitación cerrada": la caída hacia el abismo. Cómo la obsesión por su tarea obliga a los tres personajes principales de su obra a caer en picado y convertir su vida otrora simple, segura y acomodada, en una pesadilla obsesiva que terminará en la erosión más absoluta.

En "La ciudad de cristal", una misteriosa llamada cambiará la vida de Daniel Quinn, un escritor de novelas policiacas, al ser confundido con un detective y serle encargado el caso de vigilar a un hombre que pretende atentar contra su hijo.

En "Fantasmas", el protagonista es Azul, un detective a quien le es encargado el caso de controlar a un hombre, el Sr Negro. Esta tarea, a priori sencilla, dejará de serlo cuando Azul comience a dudar sobre quién vigila a quién.

"La habitación cerrada" (para mi la más brillante de las tres), el protagonista recibe el encargo de publicar la brillante obra de un desaparecido viejo amigo. Este hecho, que aparentemente le reportará felicidad, será el pistoletazo de salida para un obsesivo juego del gato, el ratón y la autodestrucción.

Uno de mis libros preferidos. No pude dejar de devorarlo. Y cuando no lo leía, no podía dejar de pensar en él.
Sin duda uno de los mayores exponentes de literatura contemporánea.
Exquisito en cada linea, una de esas obras dignas de ser releídas una y mil veces.

13 de enero de 2010

Kobenhavn

Cuando el vello de sus brazos se erizó, Amanda se dio cuenta de lo tarde que era. No hacía mucho que el trabajo no la abandonaba ni a sol ni a sombra y esa tarde, como empezaba a ser habitual, se había tenido que llevar el trabajo a casa para así cumplir los plazos.
- Necesito vacaciones – suspiró al tiempo que sus manos hurgaban en el fondo de su bolso en busca de ese balsámico cigarrillo por el que su cuerpo ardía. Sabía que él detestaba su único hábito tóxico, pero ni estaba en casa ni daba la impresión de que fuera a aparecer. Cuando lo hubo encontrado, se encaminó a la puerta ventana que daba al pequeño balcón. Una bofetada de gélido invierno danés tensó su rostro. Pequeños copos blancos perlaban el barandal y a su mente acudió la imagen de su primer invierno en Copenhage y en lo torpe que había sido al intentar colocarle las cadenas a las ruedas del Toyota.
- Joder, no sé qué hago en este sitio- pensó mientras intentaba que el alquitrán inhalado le aportara algo de calor.

Con un siseo la colilla murió en el cenicero y Amanda volvió a la fría calidez de su apartamento. Como todos los jueves, Lars llegaría a las tantas, si llegaba. Otra deprimente noche en soledad. Empezaba a estar harta de su maldito negocio: en Dinamarca a nadie le importaban los caballos ¿a quién coño se le ocurría montar una cuadra en el jodido país de las bicicletas?

Se conocieron en Madrid una tarde de otoño en la que las nubes pintaban el cielo. Ella acababa de terminar una tormentosa relación de varios años. Él confiaba en que su Erasmus fuera suficiente para finiquitar las asignaturas que aún arrastraba. Todo fue muy rápido, tanto que sin darse cuenta Amanda le había seguido hasta su dichoso país, aunque probablemente le habría acompañado a las antípodas si él se lo hubiera pedido. Y ahí estaba, muerta de frío, con 16 horas de oscuridad a la que sus ojos no terminaban de acostumbrarse y matándose en una pequeña empresa que se aferraba a su supervivencia con uñas, dientes y todos los medios que a uno se le puedan ocurrir. Habían pasado tres agotadores años.

Estaba la ducha en marcha y el vapor inundaba el baño como la niebla en una mañana escocesa. Se colocó el pelo en un descuidado moño y se metió bajo el chorro. Era su momento del día, aquel en el que todas sus penas huían por el sumidero y salía con ánimos renovados para enfrentarse a la vida. Las mañanas eran lo único que aún le daba algo de alegría en Copenhage. El sol brillaba sin fuerza, pero al menos hacía acto de presencia. Pedalear por sus bacheadas calles con las manos firmemente asidas al manillar, sintiendo el relieve de los caminos le proporcionaba la falsa y efímera sensación de que llevaba las riendas de su existencia. Sin embargo, esa mañana sería distinta.

Bajó las escaleras a buen paso encaminándose hacia el parking de bicicletas. Le tenía cariño a su bicicleta holandesa de paseo. Al principio no se acostumbraba al freno del pedal, pero con el paso del tiempo se convirtió en su fiel aliada para moverse por aquella ciudad sin cuestas. Dobló la esquina buscando la llave del candado en su bolsillo y la serena expresión de su cara se quebró al alzar la mirada y ver el hueco vacío donde su vieja amiga solía descansar.
- ¡No puede ser, joder!- exclamó mirando a todas partes con la vana esperanza de encontrarla en otro sitio. La cadena inutilizada en el suelo hablaba con suficiente elocuencia.
- Puta mierda de ciudad- murmuró entre dientes mientras dirigía sus pasos hacia la estación del tranvía, que quedaba a unas manzanas de distancia, reorganizando su viernes para poder pasar por la comisaría a denunciar el robo. Inclinó la cabeza y reafirmó sus pasos cuando una helada brisa intentó impedir su marcha.

De pronto, a mitad de camino Amanda se detuvo en seco. El viandante que la seguía casi tropezó con ella, pero se las arregló para superarla sin tocarla, emitiendo un gruñido. Un manto de tristeza, incomprensión e impotencia cubría su mirada. El escaparate ante el que se había parado era el de una agencia de viajes nacional, nunca le había dedicado más que alguna mirada furtiva desde su bicicleta, pero ahora estaba ahí, parada mirando la publicidad que ofrecía. Un maduro y guapo madrileño vestido de chulapo la saludaba con su brazo de cartón extendido a medias, como un viejo amigo saluda a otro que acaba de apearse del tren, antes de fundirse en un abrazo.

Fue entonces cuando lo supo. No podía seguir en aquel lugar ni un día más, todo cuanto había en Dinamarca le acercaba un poco más a su muerte en vida. Tenía que volver a Madrid.

Amanda entró en la agencia de viaje con una sonrisa, la primera en muchos meses. Aceptó con gusto el café que le ofreció la guapa empleada y paladeó satisfecha el sabor de su vieja vida. En su interior el sol volvía a brillar con fuerza.

19 de diciembre de 2009

Al rico webcómic I

En vista de que desde hace un buen tiempo dedico horas y horas a leer webcómics, he decidido hacer una pequeña entrada con algunos de mis favoritos. Espero al menos poder destruir alguna vida destinada al éxito y la felicidad. Para cada caso pondré un par de enlaces mínimamente representativos, aunque recomiendo encarecidamente leerlos siempre desde el principio (duran más, se entienden mejor, se aprecia la evolución del artista, etc, etc, etc...). Ahora, que hagan como les plazca, que en internet todos somos adultos responsables.

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Lo primero es lo primero, y qué mejor que esta institución del mundo del webcómic. Estos seis enlaces dan una buena muestra de lo que esconde; A webcomic of romance, sarcasm, math, and language. Sin duda, paradigma de lo geek, escrito por un individuo de lo más interesante y con una impresionante horda de seguidores; este webcómic merece un puesto de honor en toda clasificación que se precie.



Desde el mundo de xkcd empecé poco a poco a ampliar mis horizontes. Cooper es una pequeña colección muy brillante -y acaso sutilmente pretenciosa en ocasiones. Como una diminuta joya, evoca mundos imposibles y destellos de sueños olvidados. Merece la pena detenerse a examinar el resto de la obra del autor (en especial sus dibujos).



Todavía en los enlaces directos de xkcd, tenemos este pequeño culebrón que, debo admitirlo, encuentro de lo más absorbente. Uno de los aspectos que más disfruto de QC es la increíble evolución artística que muestra. En serio, la comparación de la primera tira con la última resulta de lo más impresionante. Pues eso, por si alguien quiere aprender inglés resabidillo u ocupar una cierta ventana de tiempo, un buen lugar donde intentarlo.



A softer world es una enorme losa que cae sobre el alma. Absolutamente desgarrador -y sutilmente reiterativo- es uno de los ejemplos más inspirados y geniales. El estilo por su parte no puede ser más distintivo, atrevido y complicado. Algunas tiras (me sería imposible encontrar ahora los mejores) son hilarantes hasta la locura. Solo apto para quien esté dispuesto a mirarse a mismo en el espejo.



Con el último de mis enlaces seleccionados desde la página de xkcd cierro esta primera entrada, en la que hay material para rato. The Perry Bible Fellowship son tiras de humor desbocado, muy ingenioso y sin ningún complejo ni miramientos hacia los tabúes sociales. Así, encontrarán alguna referencia sexual y más de un desgraciado ser enfrentándose a su horrible (y en ocasiones explícito) destino. Muy recomendable aunque, por desgracia, muy breve.

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16 de septiembre de 2009

El misterio de Harriet

—En resumen: yo no tenía hijos, un llamativo contraste con los demás hermanos y miembros de la familia, que parecían obsesionados con la estúpida necesidad de procrear y perpetuar la saga. Gottfried e Isabella se mudaron aquí, pero el matrimonio estaba ya en las últimas. Al cabo de un año, Gottfried se trasladó a su cabaña. Pasaba allí largas temporadas completamente solo y cuando hacía demasiado frío se iba a vivir con Isabella. Yo me encargué de Martin y Harriet; de modo que se convirtieron, en muchos sentidos, en los hijos que nunca tuve.

»Martin era... A decir verdad hubo una época en su juventud durante la cual temí que siguiera los pasos de su padre. Era débil, introvertido y meditabundo, pero también podía ser encantador y entusiasta. Tuvo una adolescencia difícil, pero se enderezó al empezar la universidad. Es... bueno, a pesar de todo es el director ejecutivo de lo que queda del Grupo Vanger, así que tampoco le ha ido tan mal.

—¿Y Harriet? —preguntó Mikael.

—Harriet se convirtió en la niña de mis ojos. Intenté darle seguridad y que aumentara la confianza en sí misma, y nos llevábamos muy bien. La veía como mi propia hija y llegamos a tener una relación más estrecha que la que mantenía con sus propios padres. ¿Sabes?, Harriet era muy especial; introvertida, como su hermano, y fascinada por la religión durante su adolescencia, a diferencia de todos los demás miembros de la familia. Poseía un gran talento y era muy inteligente. No sólo tenía moral, sino también firmeza de carácter. Al cumplir catorce o quince años, yo ya estaba completamente convencido de que ella, en comparación con su hermano y todos los mediocres primos y sobrinos de mi familia, era la persona destinada a dirigir las empresas Vanger o, por lo menos, a desempeñar en ellas un importante papel.

—¿Y qué pasó?

—Ya hemos llegado a la verdadera razón por la que te quiero contratar. Quiero que averigües qué miembro de mi familia asesinó a Harriet Vanger y, desde entonces, se ha dedicado durante casi cuarenta años a intentar volverme loco.

Stieg Larsson (Los hombres que no amaban a las mujeres)

* * * * *

Mikael Blomkvist es periodista y socio de una floreciente revista de investigación. Tras verse envuelto en un turbio asunto que resulta en una condena por difamar al magnate y empresario Wennerström, se ve obligado a abandonar durante un tiempo la redacción a la espera de que las aguas vuelvan a su curso.

Al inicio de su retiro recibe una llamada de Henrik Vanger, el anciano ex-director de Empresas Vanger, una de las más importantes de Suecia ahora en decadencia debido, en parte, a las disputas entre los miembros de la junta directiva, todos ellos de la familia. Henrik persuade a Mikael para que en su año "sabático" dedique su tiempo a redactar una biografía de los Vanger que le servirá de tapadera para el que será el verdadero encargo de Henrik: descubrir quién de la familia asesinó a su sobrina y protegida Harriet en 1966.


Durante la investigación, que se tornará cada vez más oscura y dramática, Mikael necesitará ayuda, la cual vendrá de la mano de la investigadora privada que le proporcionó, previo encargo, un informe detallado sobre las actividades del propio Mikael a Henrik Vanger. Ella es una chica diferente con un fuerte carácter y un montón de secretos, se llama Lisbeth Salander.


Esta novela tan sonada cayó en mis manos este verano y la comencé a leer no sin ciertas reticencias. Es lo que tienen los bestsellers, y este libro, junto con los otros dos volúmenes de la trilogía (iban a ser más, pero desafortunadamente su autor, Stieg Larsson, no ha vivido para escribirlos), sin duda son el boom del momento.

El inicio de Los hombres que no amaban a las mujeres es un poco técnico y las primeras páginas no crean el ambiente idóneo para enganchar al lector, pero una vez empieza la trama en sí, la historia te absorbe. No es alta literatura, no es la mejor novela de intriga del siglo como muchos afirman (la "fiebre del bestseller"), pero sin duda es muy entretenida y contiene pasajes de acción trepidante. El autor escribe de una manera clara y sencilla, sus descripciones no frenan el ritmo de la trama y el hilo argumental tiene todos los cabos atados. Aunque la novela es autocontenida el autor deja un par de pinceladas que preparan la segunda parte y que te dejan con las ganas de conocer mejor a sus personajes, en concreto a la enigmática Lisbeth.

Quizá el punto más débil, junto con el principio, sea el final. Es, para algunos más que para otros, sorprendente, pero eché de menos que la tensión se mantuviera durante unas páginas más en lugar de resolverse tan brevemente.

10 de septiembre de 2009

Todas las críticas y recomendaciones

Bienvenidos a la biblioteca...

Libros por autor

A
Andreiev, L. - Las tinieblas
Aramburu, Fernando - Los peces de la amargura

B

Boyne, John - El niño con el pijama de rayas

C

Carver, Raymond - Elephant
Carver, Raymond - Will You Please Be Quiet, Please?

H

Horne, Emily y Comeau, Joey - A Softer World


K

Kibuishi, Kazu - Cooper

L

Larsson, Stieg - Los hombres que no amaban a las mujeres

M

Marx, Groucho - Memorias de un amante sarnoso
Mendoza, Eduardo - La verdad sobre el caso Savolta
Montero, Rosa - Historia del rey transparente
Munroe, Randall - xkcd
Murakami, Haruki - Kafka en la orilla

P

Pearl, Matthew - El club Dante
Pratchett, Terry - Going Postal

R

Rowling, J. K. - Harry Potter

S

See, Lisa - El abanico de seda
Sharpe, Tom - El bastardo recalcitrante

T

Theroux, Paul En el Gallo de Hierro
Tolstoi, León - La Sonata a Kreutzer
Toole, John - La conjura de los necios

C


Q


7 de septiembre de 2009

Lecturas de verano 2

Continúo con los libros que he leído estas vacaciones.


Will You Please Be Quiet, Please?

Si en mi anterior entrada hablé sobre la última obra de este gran autor, ahora me acerco a sus inicios. Desde luego, existen diferencias. En primer lugar, creo notar un estilo algo menos asentado que en su última obra. Además, la temática es algo más variada. Como rasgo que permanece, el asombroso conocimiento de las relaciones humanas, el hiriente realismo con el que las retrata y el hecho de no tratar de juzgar a nadie, dar ejemplo. En Raymond Carver uno puede comprender los aspectos más intensos, más íntimos del ser humano. No es necesario crear un héroe a lo Madame Bovary para hablar de la traición; la realidad no siempre tiene un guión tan novelesco. Raymond Carver se asienta en mí como un autor imprescindible, uno de los que ha conseguido llegar más profundo en el alma humana. Dichas estas palabras, recomiendo ciegamente el libro (como todos los del autor), incluso si los relatos más inusuales conllevaran un cierto esfuerzo. Y, puestos a pedir esfuerzos, he aquí uno de esos casos donde la lectura en el idioma original compensará sobradamente las penurias que los inexpertos osados podamos sufrir.


La Sonata a Kreutzer

Este es un título bien atípico, que sorprenderá por su forma y temática a todo lector no prevenido. Casi un ensayo, en esta novela Tolstói da rienda suelta a sus inquietudes como pensador, ya patentes en sus otras novelas en mayor o menor medida. La historia (en las primeras páginas se anuncia sin misterio) trata del caso de Posdnichev, quien explica cómo asesinó a su mujer. Esta novela es casi autobiográfica (por descontado, Tolstói no llegó a tal extremo), y nos revela la sorprendente visión de Tolstói sobre las relaciones maritales en su sociedad, elaborando una brutal crítica que conmocionó a sus coetáneos. Aunque el mensaje no es sólido desde un punto de vista formal (o eso dice el prologuista, admito que no he estudiado el libro tan a fondo) y su posición sea inesperadamente extrema, no hay por ello que ridiculizar el libro, cuyas reflexiones acaso sean más profundas de lo que en un primer momento parecen: siempre puede aprenderse de quienes están más lejos de nosotros.



Justo cuando parecía que mi lista de lecturas no podía ser más esnob, ¡bam! Je, je... bueno, no he puesto el título particular del libro (el último) para aprovechar y hablar de toda la saga.

Harry Potter es posible que nunca figure entre los máximos exponentes de la literatura universal. Sin embargo, están suficientemente bien escritos, sin demasiadas pretensiones chirriantes y, sobre todo, guiados por un argumento terriblemente entretenido para todo aquél que esté dispuesto a dejarse llevar. Su máximo defecto es a su vez su mayor virtud, y es precisamente la temática de la serie, que muchos mirarán con desdén, pero que la autora trata con una profundidad y sencillez acaso sin precedentes. El mundo mágico que recrea está lleno de detalles cotidianos y conocidos. Haber sabido reunir elementos folclóricos y conjugarlos con nuestras vidas modernas en la ciudad crea un efecto cautivador, donde uno tiene la sensación de que podría recibir una lechuza-correo de Hogwarts en cualquier momento.

Cuando se leen todos los libros en sucesión da la ligera impresión de que en un principio no pensó llegar tan lejos (hay decisiones sobre el argumento que no me acaban de encajar de otra forma). Las historias, quizás hasta el tercer volumen, son más autocontenidas, con menos dependencia de las secuelas. Al final, es memorable que la autora consiga cuadrar los 7 volúmenes hasta un detalle sorprendente, incluyendo giros de guión de una complejidad que puede llegar a abrumar a más de uno.

El resultado es un conjunto absorvente, muy entrentenido, que se deja devorar en un tiempo inpensablemente corto. Para quienes estén libres de prejuicios, puede ser una lectura muy recomendable; basta con pensar si el tema de los jóvenes hechiceros resulta atractivo o infantil, es una prueba infalible. Para los que lo critican, no ha dejado de ser una muy efectiva plataforma de iniciación en la lectura para innumerables niños y adolescentes. Tan solo por eso ya merece los más altos elogios.


Historias de San Petsburgo

Tras el impasse de magia y hechicería, un retorno a los clásicos. Sin embargo, como casi siempre, la lectura no estuvo exenta de sorpresas. Acostumbrado a otros grandes de la literatura rusa, como Chéjov, Dostoyevski o el propio Andreiev (ver entrada anterior), el estilo de Gógol resulta de inmediato chocante. Es más próximo, menos rígido, quizás menos atado a su estilo. Con mayor sentido del humor, Gógol se permite abordar sorprendentes temas, que van rápidamente de la locura a lo fantástico, pasando por la descripción costumbrista de la ciudad. Sin olvidar que estamos hablando de un escritor ruso de la primera mitad del siglo XIX; un agradable soplo de viento fresco.

Lecturas de verano 1

Waiting for what? I'd like to know.
It si August.
My life is goning to change. I feel it.


En esta entrada no pretendo ningún refinado ejercicio de crítica, sino compartir de modo esquemático (casi como una lista) los libros que he leído este verano, con una ligera descripción de los mismos. En orden de lectura, serían:


En el Gallo de Hierro

En 1986 Paul Theroux, autor de La Costa de los Mosquitos, se subió a un tren camino de China, que recorrería largo tiempo utilizando este medio de transporte siempre que le fuera posible. En este libro, resultado de sus viajes, conoceremos a interesantes personajes (a pesar de su modestia, queda claro que el autor tiene un buen nivel del idioma local) y nos presentará muchos aspectos poco conocidos del país asiático, país de enormes extremos. Escritor de cierta relevancia, tuvo acceso a personajes y lugares entonces vetados al común de los turistas, ya fuese por la rígida política china o por lo inabarcable del país (que reune selvas tropicales, enormes desiertos, descomunales montañas y gélidos parajes siberianos). El libro está salpicado de innumerables anécdotas, y deja ver tras sus inolvidables paisajes los trazos de una pluma experta.


The House of Sleep

En su 5ª novela, Coe nos acerca a sus protagonistas a través de dos periodos importantes de sus vidas. Los capítulos pares están ambientados en su experiencia universitaria, mientras que los pares nos muestran a los mismos personajes diez años más tarde. Ambos tiempos se ayudarán para adentrarnos en los aspectos más íntimos de sus vidas, tanto de sus presentes deseos como de sus pasadas heridas. Todo ello con un ritmo muy vivo que hacen muy fácil y entretenida la lectura del libro. Si está buscando una novela y ya ha descartado las opciones de siempre (best sellers, clásicos, policíacos o los autores de culto de según cada cuál) éste podría ser un buen lugar en el que detenerse.


Las Tinieblas

Nacido en Rusia en 1871, Andeiev lideró el movimiento expresionista en dicho país. El concepto del expresionismo, unido al de un escritor ruso de principios de siglo, nos hace una buena idea del estilo que hay tras esta oscura colección de relatos. Como ya he dicho, es una colección muy negra, que se adentra en los aspectos más terribles del ser humano, incluso desfigurándolo en el abismo. Esta es una compilación breve que merece ser leída de principio a fin; a pesar de que uno juzgue el estilo un tanto irregular -ayudado acaso de una mala traducción- encontrará entre sus páginas maravillas como La nada, Bribón o los absolutamente terribles El gigante y El silencio.


Y aquí dejo la primera parte de mis lecturas veraniegas. ¡Permanezcan atentos a la siguiente entrega!


Nota: La cita proviene de Fat, el primer cuento de la colección Will You Please Be Quiet, Please?

28 de junio de 2009

El pesado caminar del tiempo cotidiano

ELEPHANT

My wife looked at me and said, "I don't think I'll kiss you.
No, I won't kiss you gooddbye. I'll just say so long. Take care of yourself".

"Raymond Cleie Carver, Jr. (25 de mayo de 1938 - 2de agosto de 1988), escritor estadounidense adscrito al llamado realismo sucio". Antes incluso de comprobar el significado del último término, la anterior frase es terriblemente precisa e informativa. Raymond Carver, de quien solo he leído esta pequeña colección de relatos, guarda el privilegio de ser uno de los autores que más me han sorprendido; su libro marca un punto determinante en mi forma de entender la narración. Carver es desgarradamente auténtico, cada una de sus líneas parece arrancada dolorosamente de su vida y colocada con absoluto cuidado sobre las finas hojas del libro. Es verdad que todos los cuentos giran en torno a un origen común, como si no pudiesen escapar a un vórtice que los escupe, pero así es la intensa vida de su autor, que no tuvo tiempo de perderse en trivialidades estilísticas y lecciones de moral. Al fin y al cabo, ¿alguien puede estar seguro de algo en esta vida? Leyendo a Carver uno comprende que nuestra vida es en realidad como la de todos, con sus angustias, sus gozos y sus lamentos. Como dijo Robert Frost, "In three words I can sum up everything I've learned about life: it goes on".

1 de marzo de 2009

Cannery Row - John Steinbeck

"Cannery Row, en Monterrey, es un un poema, un hedor, un ruido chirriante, una cualidad de la luz, una tonalidad, un hábito, una nostalgia, un sueño. Cannery Row es el orden y la dispersión, la hojalata y el hierro, la herrumbre y la madera astillada, las aceras descascarilladas, los solares invadidos de hierbajos y las pìlas de escombros, las conserveras de sardinas construidas con chapa acanalada, los honky-tonk, los restaurantes y los prostíbulos y las pequeñas tiendas de comestibles atestadas y los laboratorios y las cabañas. Sus habitantes son, como un hombre dijo una vez, putas, chulos, tahúres e hijos de puta, dando a entender que se refería a Todos. Si el hombre hubiera atisbado por otro agujero podría haber dicho santos y ángeles y mártires y seres benditos, lo que hubiera significado lo mismo."

John Steinbeck, Cannery Row (1945).

16 de febrero de 2009

Crímenes dantescos

"Lasciate ogne speranza, voi ch'intrate".

Dante Alighieri (Inferno III:9)

* * * * *

—Por favor, no demos un salto a ciegas. Primero escúchenme —dijo Longfellow—. ¿Quién está enterado de esos crímenes en Boston y Cambridge?

—Bien, ésa es la cuestión —replicó Lowell, a quien atemorizaba mostrarse ineducado con el único hombre, después de su difunto padre, al que veneraba—. ¡Todos en esta bendita ciudad, Longfellow! Uno aparece en primera plana de todos los periódicos. —Señaló los titulares con la muerte de Healey—. Y le seguirá el crimen de Talbot antes de que cante el gallo. ¡Un juez y un predicador! ¡Mantener al público alejado de eso sería tanto como privarlo del bistec y la cerveza!

—Muy bien. ¿Y quién más en la ciudad tiene conocimiento de Dante? ¿Quién más sabe que le piante erano a tutti accese intrambe? ¿Cuántos de los que pasean por las calles Washington y School, mirando las tiendas o deteniéndose en Jordan y Marsh para ver la última moda de sombreros, piensan que rigavan lor di sangue il volto, che, mischiato di lagrime, y se imaginan el espanto de esos fastidiosa vermi, esos enojosos gusanos?

»Díganme quién en nuestra ciudad, no, en Norteamérica hoy día, conoce las palabras de Dante en su obra, en cada canto, en cada terceto. ¿Saben lo suficiente para empezar a pensar en cómo convertir los detalles de los castigos del Inferno de Dante en modelos de asesinato?

En el estudio de Longfellow, el más apreciado de Nueva Inglaterra por los amantes de la conversación, se hizo un misterioso silencio. Nadie en la estancia pensó en responder a la pregunta, porque la estancia misma era la respuesta: Henry Wadsworth Longfellow, el profesor James Russell Lowell, el profesor doctor Oliver Wendell Holmes, James Thomas Fields y un reducido número de amigos y colegas.

—¡Santo Dios! —exclamó Fields—. Sólo un puñado de personas sería capaz de leer italiano, por no hablar del italiano de Dante, e incluso, entre los que pudieran sacar algo en limpio con la ayuda de libros de gramática y diccionarios, ¡la mayoría nunca ha tenido en las manos un ejemplar de las obras de Dante! — Fields debía saberlo. El negocio del editor consistía en conocer los hábitos de lectura de cada literato y erudito de Nueva Inglaterra y de los que, fuera, contaran para algo—. Ni lo tendrá —continuó— mientras no se publique en Norteamérica una completa traducción de Dante...


—¿Como esta en
la que estamos trabajando? —Longfellow tomó las pruebas del canto decimosexto—. Si desvelamos a la policía la precisión con que esos asesinos se han inspirado en Dante y han actuado, ¿a quién podría señalar con suficiente conocimiento para cometer los crímenes?

»No sólo seremos los primeros sospechosos —concluyó Longfellow—. Seremos los principales sospechosos.

—Vamos, mi querido Longfellow —replicó Fields con una risa desesperadamente seria—. Señores, no nos dejemos llevar por las emociones. Miren a su alrededor en esta habitación: profesores, representantes de las fuerzas vivas, poetas, huéspedes frecuentes de senadores y dignatarios, hombres de libros... ¿Quién pensaría realmente que estamos implicados en un asesinato? He hinchado un poco nuestra relevancia para recordarnos que somos hombres de elevada posición en Boston, ¡hombres de la alta sociedad!

—Como el profesor Webster. El patíbulo nos enseña que ninguna ley impide que a un hombre de Harvard lo cuelguen —respondió Longfellow.

El doctor Holmes se puso blanco. Aunque se sintió aliviado porque Longfellow se colocara de su lado, el último comentario lo afectó.

Matthew Pearl (El Club Dante)

* * * * *

Boston, 1865. Importantes personalidades están siendo brutalmente asesinadas por un criminal inspirado en los tormentos del Infierno de Dante. Sólo los miembros del Club Dante, un grupo de poetas y profesores de Harvard dirigidos por Henry Wadsworth Longfellow, pueden anticiparse al asesino e identificarle. Mientras preparan la primera traducción al inglés de la Divina Comedia enfrentándose a la oposición de la puritana vieja guardia de Harvard, los intelectuales deberán convertirse en detectives y pasar a la acción.

Nicholas Rey, el primer policía negro del departamento de Boston, dirigirá la investigación oficial mientras los miembros del club llevan a cabo sus insólitas pesquisas. Un dantesco infierno medieval se cierne sobre las calles de la ciudad, en una época convulsa por la recién terminada guerra civil, el asesinato del presidente Lincoln y los disturbios raciales.

Aunque la estructura es la típica de una novela de crimen y misterio, introduce una innovación que me ha parecido clave en la originalidad del argumento: los protagonistas no son detectives o policías, ni siquiera hombres de acción; son un grupo de intelectuales, de poetas, más acostumbrados a vivir en el mundo que crean en sus obras que en el real. Sin embargo, se verán obligados a actuar de investigadores en uno de los casos más turbios de asesinatos en serie en su ciudad.

La ambientación, rica en detalles, nos hace adentrarnos en una sociedad americana recién sacudida por una guerra civil que trata de volver a la normalidad. Las posguerras no son épocas fáciles, bien lo sabemos por nuestros abuelos, y el autor rodea la acción de ese ambiente de desasosiego en el que la gente aún no se siente tranquila en sus casas pese a que haya cesado el estallido de balas. Una nueva realidad social, la inserción progresiva de hombres de raza negra en la sociedad blanca, es incorporada en la trama en el personaje del patrullero Rey, el primero en la policía de Boston.

Esta novela, aunque con un inicio lento que se recrea, a mi parecer, demasiado en introducir a todos los personajes, cobra ritmo al cabo de pocos capítulos. Después de este inicio en el que la acción es escasa y la descripción abunda, se comienza a desarrollar una trama ingeniosa que atrapa al lector. El autor sabe combinar pasajes trepidantes con otros más reflexivos en su justa medida y aunque el desenlace no es brillante, se resuelve de una manera coherente. Quizá una pizca más de ingenio en este punto no habría sobrado.

Cierto es que no es una obra maestra, pero se trata de un libro entretenido con el que se puede pasar un buen rato a la vez que uno se adentra en la posguerra americana.

15 de febrero de 2009

La Química del Amor


Desmayarse, atreverse, estar furioso,
áspero, tierno, liberal, esquivo,
alentado, mortal, difunto, vivo,
leal, traidor, cobarde y animoso:

no hallar fuera del bien centro y reposo,
mostrarse alegre, triste, humilde, altivo,
enojado, valiente, fugitivo,
satisfecho, ofendido, receloso:

huir el rostro al claro desengaño,
beber veneno por licor suave,
olvidar el provecho, amar el daño:

creer que el cielo en un infierno cabe;
dar la vida y el alma a un desengaño,
¡esto es amor! quien lo probó lo sabe.

Lope de Vega (1562-1635). Desmayarse.

17 de enero de 2009

El Squonk


"El rango del squonk es muy limitado. Pocas personas fuera de Pensilvania han oído hablar de la peculiar bestia, que se dice que es muy común en los bosques de cicuta de este estado. El squonk es muy tímido de carácter y generalmente viaja cerca del crepúsculo o del amanecer. Dada su piel inadaptada, que está cubierta con verrugas y lunares, siempre está triste; de hecho se dice, por gente que están más capacitados para juzgar, que es la más morbosa de las bestias. Los cazadores que son buenos en seguir pistas son capaces de seguir a un squonk por sus lágrimas derramadas, porque el animal llora constantemente. Cuando está acorralado y la salida parece imposible, o cuando es sorprendido y asustado, puede incluso disolverse en lágrimas. Los cazadores del squonk tienen más éxito en noches de luna muy frías, cuando las lágrimas caen lentamente y al animal no le gusta salir; puede ser escuchado llorar debajo de las ramas de los oscuros árboles de cicuta. El señor J.P. Wentling, antes vivía en Pensilvania y que se mudó a Minesota, tiene una experiencia frustrada con un squonk cerca de Mont Alto. Planeó una inteligente captura engañando a un squonk e induciéndolo a saltar dentro de un bolso, el cual llevaba a su casa, cuando de repente la carga se aligeró y las lágrimas cesaron. Wentling abrió el bolso y miró adentro. No había nada, excepto un charco de lágrimas.”

William T. Cox, “Criaturas Temibles de los bosques, del desierto y las montañas” (1911).

11 de enero de 2009

El Berth

El Berth (Historia de Terror en 12 puntos)

1. Aquella tarde Robert había cerrado el portalón antes de lo habitual, sin embargo, ya Había entrado.

2. Robert era un tipo listo e intuyó la trama.

3. Cautelosamente cerró el portalón de nuevo, pero las vacas habían sido más inteligentes que él.

4. Brisbane corrió todo lo que podía, pero supo que ya estaba muerto.

5. Mientras corría pensaba que el Breth superior estaría húmedo a consecuencia de la salitre, no obstante aún permanecía completamente seco.

6. Brisbane tuvo que permanecer otra noche solitaria en el viejo 105, muy en contra de sus apetencias.

7. El trabajador examinó al Berth a las paredes y al suelo, pero cayó en la cuenta de que también él había muerto.

8. El trabajador intentó colocar cuatro tornillos dorados en el portalón, pero sabía que el Berth lo habría cogido de haberlo hecho.

9. El Capitán y Brisbane estaban determinados a encontrar la verdad, tan sólo el Berth podría detenerlos.

10. Cuando el segundo pasajero fue hacia el portalón la tempestad era tremenda y el ojo de buey se había abierto, de modo que las vacas consiguieron escapar en silencio.

11. 105 no es seguro.

12. El Capitan guardaba silencio, Brisbane acabaría como ellas; (quienes habían ganado el juego). El Berth estaba libre en el Universo.

Lunes, 9 de Febrero de 2oo4

18 de diciembre de 2008

Los Sentidos y el Sentimiento


“Sale y desaparece despacio por la colina. La cima, los árboles, el techo de la casa se recortan contra el cielo. La vaca me empuja con el morro y muge.

- Tendrás que esperar. Lo que tienes ahí dentro no es nada comparado con lo que yo tengo aquí dentro, por mucho que también seas mujer.

Me sigue, mugiendo. Entonces el aire muerto, caliente y claro vuelve a soplarme en la cara. Él podría arreglarlo todo, si quisiera. Y ni siquiera lo sabe. Podría hacerlo todo por mí, si lo supiera. La vaca me echa el aliento en las caderas y en la espalda, un aliento cálido, dulce, jadeante, lastimero. El cielo está plano en la ladera, sobre los secretos brotes de pino. Más allá de la colina, los relámpagos rasgan el horizonte y se esfuman. El aire muerto da forma a la tierra muerta en la muerta oscuridad, da forma a la tierra muerta hasta más allá de donde alcanza la vista. Se posa sobre mí, muerto y caliente, y me toca la carne desnuda a través de la ropa. Le dije que no sabía lo que era preocuparse. Tampoco yo lo sé. No sé si estoy preocupada o no. Si puedo estarlo o no. No sé si puedo llorar o no. No sé si lo he intentado o no. Siento como si fuera una semilla húmeda y salvaje en la tierra caliente y ciega.”

William Faulkner, Mientras Agonizo (1930)

16 de diciembre de 2008

La Relatividad del Tiempo - John Steinbeck

"Como a veces ocurre, en un momento dado el tiempo se detuvo y ese momento duró más que cualquier otro. Y el sonido se detuvo, y el momento se detuvo durante mucho tiempo, mucho más tiempo que un momento."

John Steinbeck, De Ratones y Hombres (1937)

9 de diciembre de 2008

Cascada de Versos


"Coge todo el aire que puedas.
Cierra los ojos.
Deja que el agua se eleve sobre tu pecho

sobre tu cuello
sobre tus párpados transparentes.


¿Escuchas el clamor del silencio?

Siente, tan sólo siente como se deslizan corrientes de seda entre tus dedos

como acarician tu rostro,
como besan tus labios desnudos bajo el velo.


¿Viste alejarse la mariposa triste?
Hunde el tarro de cristal
en el océano de las lágrimas felices.


Escucha la música de tu corazón nuevo.
Latido a latido marchitaron las rosas
que adornaban las avenidas del Infierno.


Ahora eres Rey de tu castillo de arena,
Sol, vainilla y viento:
tenías razón cuando decías
que la libertad era eso.

Apaga las velas que dan luz a lo evidente,
acostumbra tus ojos a ver como ve el ciego:

“Ahora te ilumina el estigma de la belleza transparente.”

Nada hasta la superficie,
huele el aire con sabor a sal.
Deja que el agua juegue con tu pelo,

con tus labios púrpura,
con tu alma de cristal…

y empieza de nuevo…."

26 de noviembre de 2008

Visiones del Final




"Camina, llega a la frontera. Las rapaces revolotean en torno a un centro invisible, probablemente carroña. Los músculos de sus muslos responden con elasticidad a los desniveles del terreno. Una estepa amarillenta cubre las colinas; hacia el este, la vista se extiende hasta el infinito. No ha comido desde la víspera; ya no tiene miedo."




"La noche del viernes al sábado durmió mal y tuvo un sueño horrible. Se veía encarnado en un joven cerdo con las carnes cebadas y lisas. Lo arrastraban con sus compañeros porcinos por un túnel enorme y oscuro de paredes oxidadas en forma de vórtice. La corriente acuática que lo llevaba era débil, a veces conseguía poner las patas en el suelo; después llegaba una ola más fuerte y lo empujaba algunos metros. De cuando en cuando distinguía las carnes blancuzcas de uno de sus compañeros, arrastrado con brutalidad hacia abajo. Luchaban a oscuras y en silencio; el único sonido eran los breves chirridos de sus pezuñas contra las paredes metálicas. Pero al descender empezó a oir un sordo rumor de máquinas que venía del fondo del túnel. Emezaba a darse cuenta de que la corriente los arrastraba hacia unas turbinas con enormes y afiladas hélices.

Después su cabeza cortada yacía en un prado; varios metros por encima se veía la entrada del vórtice. El cráneo había sido cortado en dos en vertical; pero la parte intacta seguía estando consciente sobre la hierba. Sabía que las hormigas se meterían poco a poco en la materia cervical al descubierto para devorar las neuronas; entonces se sumiría en una definitiva inconsciencia. Por el momento, su único ojo observaba el horizonte. La hierba parecía extenderse hasta el infinito. Inmensas ruedas dentadas giraban al revés bajo un cielo de platino. Quizá se encontraba en el final de los tiempos; por lo menos, el mundo que había conocido había llegado a su fin."

Michel Houellebecq, Las Partículas Elementales (1998)

1 de octubre de 2008

Un drama mundial a través de los ojos de un niño

"La fuerza más fuerte de todas es un corazón inocente".

Víctor Hugo
* * * * *

Para empezar, no eran niños. Al menos no todos. Había niños pequeños y niños mayores, pero también padres y abuelos. Quizá también algunos tíos. Y unas cuantas personas de las que viven en las calles y que parecen no tener familia.

—¿Quiénes son? —preguntó Gretel, tan boquiabierta como solía quedarse su hermano últimamente—. ¿Qué clase de sitio es ése?

—No estoy seguro —dijo Bruno, sin faltar a la verdad—. Pero no es tan bonito como Berlín, eso sí lo sé.

—¿Y dónde están las niñas? ¿Y las madres? ¿Y las abuelas?

—A lo mejor viven en otra zona.

Gretel no quería seguir mirando, pero le resultaba muy difícil apartar la mirada. Hasta entonces, lo único que había visto era el bosque hacia el que estaba orientada su ventana; parecía un poco oscuro, pero quizá más allá hubiera algún claro donde hacer meriendas campestres. Sin embargo, desde aquel lado de la casa el panorama era muy diferente.

A primera vista no estaba tan mal. Justo debajo de la ventana de Bruno había un jardín bastante grande y lleno de flores en pulcros y ordenados arriates. Parecían muy bien cuidados por alguien que hubiera comprendido que plantar flores en un sitio como aquél era una buena idea, como lo habría sido, durante una oscura noche de invierno, encender una velita en el rincón de un lúgubre castillo situado en medio de un brumoso páramo.

Más allá de las flores había un bonito adoquinado con un banco de madera, donde Gretel se imaginó sentada al sol leyendo un libro. En el respaldo del banco se veía una placa, pero desde aquella distancia no logró leer la inscripción. El asiento estaba orientado hacia la casa, lo cual podía resultar un poco extraño, pero dadas las circunstancias la niña lo entendió.

Unos seis metros más allá del jardín y las flores y el banco con la placa, todo cambiaba: paralela a la casa discurría una enorme alambrada, con la parte superior inclinada hacia dentro, que se extendía en ambas direcciones hasta más allá de donde alcanzaba la vista. Era una alambrada muy alta, incluso más que la casa donde se hallaban los niños, y estaba sostenida por gruesos postes de madera, como los de telégrafos, repartidos a intervalos. En lo alto, gruesos rollos de alambre de espino enredados formaban espirales. Gretel sintió un escalofrío al ver las afiladas púas.

Detrás de la alambrada no crecía hierba; de hecho, a lo lejos no se veía ningún tipo de vegetación. El suelo parecía de arena, y Gretel sólo vio pequeñas cabanas y grandes edificios cuadrados, separados entre ellos, y una o dos columnas de humo a lo lejos. Abrió la boca para decir algo, pero no encontró palabras para expresar su sorpresa, así que hizo lo único sensato que se le ocurrió: volver a cerrarla.

—¿Lo ves? —dijo Bruno a su espalda. Estaba satisfecho de sí mismo porque, fuera lo que fuese aquello que se veía y fueran quienes fuesen aquellas personas, él lo había visto primero y podría verlo siempre que quisiera, puesto que se veía desde su ventana y no desde la de Gretel. Por tanto, todo aquello le pertenecía: él era el rey de todo lo que contemplaban y ella su humilde subdita.

—No lo entiendo —admitió Gretel—. ¿A quién se le ocurriría construir un sitio tan horrible?

—¿Verdad que es horrible? Me parece que esas casuchas sólo tienen una planta. Mira qué bajas son.

—Deben de ser casas modernas —sugirió su hermana—. Padre odia las cosas modernas.

—Entonces no creo que le gusten.

—No —dijo Gretel, y siguió contemplándolas.

Tenía doce años y se la consideraba una de las niñas más inteligentes de su clase, así que apretó los labios, entornó los ojos y se exprimió el cerebro para comprender qué era aquello.

—Esto debe de ser el campo —concluyó al fin, volviéndose a mirar a su hermano con expresión de triunfo.

—¿El campo?

—Sí, es la única explicación, ¿no te das cuenta? Cuando estamos en casa, en Berlín, estamos en la ciudad. Por eso hay tanta gente y tantas casas, y tantas escuelas llenas de niños, y no puedes caminar por el centro de la ciudad un sábado por la tarde sin que la multitud te empuje.

—Ya... —asintió Bruno, intentando seguir el razonamiento.

—Pero en clase de Geografía nos enseñaron que en el campo, donde están los granjeros y los animales, y donde se cultivan los alimentos, hay zonas inmensas como ésta donde vive y trabaja la gente que envía a la ciudad todo lo que nosotros comemos. —Miró de nuevo por la ventana y contempló la gran extensión que se abría ante ella, fijándose en las distancias que había entre las cabanas—. Sí, debe de ser eso. Es el campo. A lo mejor ésta es nuestra casa de veraneo —añadió esperanzada.

John Boyne (El niño con el pijama de rayas)

* * * * *

Es el año 1942, Bruno tiene 9 años y vive con su familia en una comfortable casa de Berlín donde lleva una vida feliz y agradable. Un día su padre es enviado a una nueva misión militar y toda la familia deberá acompañarle. Pasar de vivir en una bonita casa de ciudad a una perdida en un lugar apartado será un golpe duro para Bruno, sobre todo porque no hay nadie con quien hablar ni niños con los que jugar.

Observando por la ventana de su cuarto descubrirá un mundo distinto al otro lado de una alambrada. Un mundo que no entiende donde toda la gente pulula en pijama durante todo el día. ¿Quienes serán esas personas?

(La opinión de Gonzalo próximamente, desde el mismo København)